Alucinógenos: Tal vez soñar

Cuál es la materia que teje la realidad que percibimos, qué procesos desencadenan los sueños mientras dormimos, dónde radica el problema de las mentes esquizofrénicas, cómo cambia la forma de percibir el mundo mediante la meditación o por qué se nos ofrece un nuevo abanico de sensaciones y experiencias cuando tomamos sustancias alucinógenas, son preguntas que apuntan hacia el mismo concepto: la conciencia y sus diferentes estados.

Aunque la naturaleza de la mente sigue siendo una incógnita, sabemos que la parte del organismo que da soporte físico a los procesos mentales es el cerebro. Un fabuloso entramado de neuronas permite la existencia de esta entidad tan humana, como enigmática y compleja. Estas neuronas se comunican recibiendo, procesando y transmitiendo información. El fluir de información por la red neuronal es el responsable de todos nuestros procesos mentales y del estado de la conciencia.

Los alucinógenos pueden modificar el estado de la conciencia ya que van a interferir en la comunicación entre neuronas encargadas de dar soporte físico al proceso de la percepción y a la conciencia misma. El mundo que descubrimos tras la toma de alucinógenos no es otro que una construcción diferente de la realidad que nuestro cerebro genera a partir de la interacción sensorial con el entorno que nos rodea. De hecho, lo percibido no es equivalente al mundo real, sino una proyección de nuestra mente hacia un espacio virtual generado, en parte, por la información proveniente de las neuronas sensitivas.

Efectivamente, la percepción es, en última instancia, un fenómeno generado por procesos internos que se pueden dar en presencia (estado despierto) o ausencia de información sensorial (estado de sueño REM). Lo que percibimos no va a ser una experiencia pasiva y objetiva, sino que es moldeado por la mente. La memoria va a servir de referencia a las percepciones familiares. Los mecanismos afectivos aportan subjetividad a la percepción; la belleza de un paisaje, la simpatía de un rostro o el desagrado de una imagen no son cualidades propias de los objetos. Por último, los mecanismos de atención van a decidir el grado de importancia de la percepción. Cuando estamos despiertos, los procesos mentales internos no actúan de manera independiente, sino que se encuentran restringidos por la información proveniente de las neuronas sensitivas. Sin embargo, ante la casi ausencia de estímulos externos, en el estado de sueño paradójico o sueño REM, estos mecanismos van a ser los principales responsables de la generación del mundo onírico. Cuando tomamos alucinógenos, nos encontramos que estos mecanismos internos se encuentran parcialmente restringidos. Se genera así un nuevo estado mental en el que, aunque estamos despiertos, los mecanismos internos tienen mucha más influencia en la percepción.

Ciertamente, los alucinógenos no crean ningún nuevo estado de conciencia, sino que permiten el acceso a él. Ahora, la percepción de la realidad está altamente influenciada por memorias, emociones, miedos, anhelos y todo tipo de factores subjetivos. Así, puede ocurrir que nos sintamos más emocionalmente implicados con el mundo percibido y lo redescubramos con ojos de niño. Los alucinógenos también parecen interferir con uno de los filtros sensoriales del sistema nervioso encargado de evitar el exceso de información del mundo exterior. Parece ser que los alucinógenos alteran el filtro sensorial de tal manera que la información que llega a la corteza cerebral lo hace sin ningún tipo de control. Esto explicaría los estados de paranoia.

Esta alteración en la capacidad de filtrar información también podría ser característica de los enfermos esquizofrénicos. En la mente esquizofrénica, la inundación de datos que llega a la corteza cerebral impide diferenciar el mundo exterior de lo que son procesos mentales internos y produce el amplio espectro de síntomas que caracterizan esta enfermedad. Este filtro sensorial es fundamental en la definición del estado de conciencia. Para darnos cuenta de esto, simplemente, sin moverse, haga un recuento de las cosas de las que no estaba siendo consciente mientras leía este artículo: puede ser el entorno que le rodea, puede ser el ruido de fondo que estaba ignorando, puede ser el tacto del papel en sus manos, la posición de su cuerpo, el recuerdo de lo que estaba haciendo hace un rato, los planes que tiene para el futuro, lo que siente hacia un ser querido o si tiene miedo a morir. ¿Qué ha ocurrido? Hemos hecho accesible a nuestra conciencia información que antes estaba siendo filtrada o estaba siendo obviada por considerarla irrelevante respecto a nuestro estado mental. Hemos cambiado de manera consciente hacia donde se debe dirigir nuestra atención. Por otra parte, si ocurre algún suceso que rompe su estado de concentración (por ejemplo, su suegra vuelve a llamar por teléfono), significaría que no ha sido filtrado y el suceso ha sido percibido de manera consciente.

Uno de los grandes problemas que se plantea en la relación mente-cerebro es averiguar cómo un sistema que cuenta con 100.000 millones de neuronas, cada una de las cuales puede tener cientos de interconexiones, puede dar lugar a la integración y unicidad de la experiencia consciente. Pero a pesar de la enorme diversidad y cantidad de información que llega a la corteza cerebral, el resultado al procesarla es único de cara a nuestra conciencia: el yo y el mundo que me rodea. De hecho, el que nos suceda algo de manera consciente, tan sólo requiere un enlace entre el suceso y la representación mental de uno mismo como el sujeto que experimenta dicho suceso. Aquellos procesos mentales, por complejos que sean, en los que no exista tal enlace, se van a producir de manera inconsciente. Naturalmente, esto no quiere decir que estos procesos mentales carezcan de información y que no sean procesados por nuestra mente, simplemente no son accesibles a nuestra conciencia. Si imaginamos el cerebro como un gran embudo que contiene procesos mentales, sólo aquellos que lograran salir por el orificio serían accesibles a nuestra conciencia. El resto de los procesos mentales quedaría fuera del alcance de la conciencia, ya que han sido filtrados o integrados para poder generar una experiencia unificada en la que los sucesos fluyen temporalmente.

Curiosamente, la percepción del tiempo va a depender del estado de conciencia. Cuando estamos despiertos, la manera en la que transcurre el tiempo esta influenciada por procesos mentales internos (si estamos relajados o concentrados en una tarea, pasando un buen rato o aburridos). Cuando dormimos, cuando soñamos, la percepción del tiempo es radicalmente distinta a la del estado despierto. En estados de conciencia alterados, como el alcanzado con la meditación o bajo el efecto de ciertas drogas, puede ocurrir que el trascurrir del tiempo se ralentice. En estas ocasiones, es posible percibir una amplia gama de sucesos simultáneamente, como si la boca del embudo de procesos mentales se hubiera ampliado a costa de la sensación del fluir del tiempo.

Ciertamente, la manera de percibir el tiempo y el espacio que nos rodea, va a ser tan flexible como las propias estructuras cerebrales que le dan forma. Aunque el estado despierto favorece una mejor adaptación al medio, este estado es tan real como el resto en términos de experiencia consciente. Al final, es nuestra propia conciencia la que determina nuestro mundo interior atendiendo a experiencias sensitivas, sentimientos, pensamientos y, en definitiva, a todo aquello que nos importa como seres humanos. Porque al final del viaje, lo realmente importante es darse cuenta de que la mente, tu mente, toda mente, es maravillosa.

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Dibujos de Louis Vain según se iba profundizando su nivel de esquizofrenia.
LA ESQUIZOFRENIA Y LOS ALUCINÓGENOS

La esquizofrenia es una enfermedad extremadamente compleja que afecta a un 1% de la población mundial, independientemente de culturas, origen étnico o localización geográfica. Se caracteriza por una sintomatología positiva (que incluye alucinaciones y otros trastornos de tipo psicótico), una sintomatología negativa (que incluye apatía y estados catatónicos) y deficiencias cognitivas. Las sustancias alucinógenas son capaces de reproducir algunos de estos síntomas. Además de las alucinaciones, otros fenómenos tales como la disolución del yo o las alteraciones en la percepción del tiempo, son comunes en la mente esquizofrénica y la mente que se encuentra bajo el efecto de estas drogas. A pesar de esto, hay que ser cautos al relacionar, de manera directa, sustancias alucinógenas con esquizofrenia. Otras drogas no alucinógenas como la cocaína o las anfetaminas, son capaces de generar procesos psicóticos. Es más, las sustancias alucinógenas no producen estados catatónicos u otros síntomas negativos característicos de la esquizofrenia. Por último, y en términos de alteración de conciencia, sería muy difícil concretar si la mente esquizofrénica se encuentra continuamente alterada desde la aparición del primer episodio psicótico, o si sólo esta alterada durante el estado psicótico. Aún así, no está claro que esto pueda ser considerado como un estado de conciencia diferente, ya que la realidad que un esquizofrénico percibe, es tan real para su conciencia como la que percibe cualquier individuo normal en el estado despierto.

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El electroencefalograma muestra el nuevo estado de conciencia durante la meditación

LA MEDITACIÓN

La cultura oriental asume la existencia de un estado superior de conciencia que se puede alcanzar tras la práctica y el entrenamiento adecuado. Este estado, que se alcanza sin ansiedad y con una sensación de gran racionalidad, ha sido descrito como un profundo estado de reposo y de gran interiorización en el que, el mundo percibido, se ve amplificado y no es perturbado por el tren de pensamientos, ni filtrado por mecanismos presentes en el estado despierto. Mediante la meditación se puede alcanzar un alto grado de interiorización descrito como “experiencia consciente pura”. En este estado, la relación yoentorno se modifica de tal manera que la conciencia está dirigiendo su atención exclusivamente hacia sí misma.

A nivel fisiológico, el estado de meditación trascendental se caracteriza por un descenso en la excitabilidad del sistema nervioso autonómico y reducción de coherencia en el encefalograma, con reducción en la frecuencia de las ondas alfa y ondas theta. Sin embargo, personas con gran experiencia en la meditación, alcanzan respuestas fisiológicas diametralmente opuestas: se experimenta un incremento en el pulso y un incremento en la frecuencia de las ondas alfa y ondas theta. Es más, la frecuencia de las ondas theta está significativamente incrementada en meditadores expertos durante estados de conciencia normal; un dato muy interesaste ya que estas personas afirman que su manera de percibir el mundo ha cambiado con este ejercicio mental.

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