Biografía

“Vosotros, fascistas, sois los terroristas”.

Fue un día después del asesinato de Miguel Ángel Blanco, durante la manifestación que hubo en Madrid, en la Castellana, a la altura de Castelar. En medio de un silencio sobrecogedor, se alzó la voz de un grupúsculo de Bases Autónomas: eran cuatro energúmenos, encaramados al monumento, enarbolando sus pancartas y sus banderas. Eran pocos, como ahora son pocos los que llevan banderas franquistas y cantan alegremente el Cara al Sol en la Cibeles rodeados de gente que se manifiesta por la unidad de España. Como ahora, tratan de aprovecharse de nuestro silencio.

No recuerdo bien lo que gritaban aquellos fascistas, allí encaramados, aislados del resto de los manifestantes; seguramente algún cántico a favor de la pena de muerte para los etarras, no importa, lo verdaderamente importante fue la respuesta de la gente. Era una manifestación silenciosa, sin consignas, apenas un “basta ya” y unas palmas fuertes y secas como medio para canalizar el hartazgo, por eso sé que la respuesta fue espontánea. Una voz se alzó para gritarles lo siguiente: “Vosotros, fascistas, sois los terroristas”. Rápidamente la gente empezó a corear “vosotros, fascistas, sois los terroristas” mientras los señalaban con el dedo, hasta que la evidente muestra de rechazo se hizo abrumadora y quedaron callados. No se fueron, pero no fueron capaces de alzar su voz por encima del silencio respetuoso de la gente.

Hoy el silencio es otro, y los fascistas están consiguiendo alzar la voz por encima de ese silencio. No me explico a qué se debe ese silencio, no comprendo porqué lo que antes se rechazaba de plano ahora se tolera. Me preocupa el porqué ahora la gente calla cuando a su manifestación aparecen fascistas y se exhiben con sus consignas, sus cánticos y sus banderas ¿Callan por estar de acuerdo? ¿Por respeto a sus ideas? ¿Por miedo?

Da igual tu ideología, tu partido, tu religión, tus principios morales, los motivos por los que te manifiestas… Si ante los cánticos fascistas la única respuesta de los que te rodean es el silencio, puedes hacer dos cosas decentes: ser el primero en gritar y dejar claro que el fascismo no es bienvenido en tu manifestación o marcharte de allí. La tercera opción, tu silencio, no solo te hace cómplice, sino que los arropa, les da fuerza. No olvides que es el número lo que hace valientes a los fascistas; si estás a su lado y callas, te cuentan como uno de ellos, porque al no estar en su contra, te consideran a su favor. Ellos ven en tu silencio una señal que los legitima. La coacción es la mejor arma que tienen para imponer sus ideas. Sabemos que, cuando este miedo se generaliza, gente decente abraza la causa fascista, sabemos que aterrorizar a gente corriente es su argumento más poderoso. Sabemos también lo que ocurre cuando logran imponer su cultura del terror. Nunca olvides que ellos, los fascistas, son unos terroristas.

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